Interésate por los robots…pero solo hasta los quince años

Todo el mundo sabe que los robots, adopten la forma que adopten, van a condicionar gran parte de nuestra vida futura. Todavía está en discusión, como se comprueba por lo demás en varios trabajos de esta revista, hasta qué punto es o no cierto que destruirán (o crearán nuevos) puestos de trabajo. O qué régimen legal y fiscal habría que imponer, o no, a los obreros-robots.

El debate no es que esté comenzando: es que lleva ya varios años de vigencia, especialmente si tenemos en cuenta que son muchas las enormes factorías, como en el campo automovilístico, en las que los robots ya desempeñan al completo los trabajos de montaje que antes hacía los humanos. Por eso mismo, por la importancia que nadie discute de este tema, sorprende la escasa atención de los planes educativos españoles hacia la robótica.

 

Muchos ni siquiera tienen claro un concepto de lo que es un robot. La imaginería les ha dado formas humanoides –que a veces tienen–, otras veces les ha dotado, sobre todo en películas, de inteligencia artificial que aún no tienen –pero la acabarán teniendo, dicen quienes de esto saben–. Lo cierto es que un robot es, ni más ni menos, una máquina autómata capaz de realizar los trabajos que nosotros queremos que realice. Ni más, ni menos.

 

EDUCA2020 se puso en contacto con algunos profesores de esta asignatura, que se imparte a los alumnos de primero a tercero de ESO, es decir, de entre trece y quince años…y generalmente apenas una vez a la semana. Queríamos saber las razones por las que la enseñanza de la robótica se interrumpe después, a partir del Bachillerato. ¿Es que ya no es necesaria, es que se considera que el estudiante ya lo ha aprendido todo al respecto?

 

La verdad es que la mayor parte de las opiniones con las que nos hemos encontrado han sido bastante críticas al respecto. Pablo Fraile, un ingeniero industrial que encontró su plena realización profesional dando clases de robótica en un colegio concertado de Madrid, está convencido de que “sería bueno que esta enseñanza se extendiese a toda la secundaria. Al menos”.

 

–Anclados en el S XX–

 

¿Por qué, pues, parece olvidada tan importante materia como la que afecta a los robots que nos ayudarán tanto, previsiblemente, en el futuro, que ya ahora cooperan tanto con nosotros? “Porque se sigue teniendo una concepción antigua, muy del Siglo XX, de los estudios; el sistema educativo español tiene una inercia tremenda”. Y, confirmando la impresión obtenida del análisis de los resultados de la encuesta que publicamos en esta revista, Fraile nos proporciona dos nuevos datos: uno, que los chicos se aficionan inmediatamente a la parte lúdica, los videojuegos, de esta incursión en las nuevas tecnologías: “todo parece un juego, lo que no siempre es bueno, hay poco espíritu de trabajo y de sacrificio”.

 

El otro dato se refiere a la influencia de los padres a la hora de determinar el futuro de sus hijos: “algunos padres tampoco ayudan, porque están en la mentalidad clásica, tipo ‘fíjese que mi hijo viene diciendo que quiere dedicarse de mayor a hacer videojuegos, vaya por Dios’”. Cierto es, sin embargo, que se confirma que los hijos de padres dedicados a trabajos relacionados con la tecnología muestran más interés por esta asignatura que aquellos cuyos progenitores tienen más relación con carreras ‘de letras’.

 

El caso es que los chicos, dice Fraile, tienen una asombrosa capacidad de aprender, y son capaces de, entre todos y debidamente dirigidos, fabricar un robot básico en apenas un mes. “Se montan las placas controladoras, se les enseñan las tripas de un ordenador y…creamos robots partiendo casi de la nada”, comenta Fraile, para quien no hace falta una especial inclinación por las matemáticas para ser un alumnos brillante de robótica; “ahora todo es un bloque de instrucciones”.

 

Otras fuentes se muestran aún más críticas que el profesor Fraile. Como el profesor de un instituto andaluz, que prefiere no ser identificado, y que acusa directamente a los antiguos responsables de la Junta –“veremos qué ocurre en esta nueva etapa”—de haber “boicoteado, con su pasividad” el progreso y modernización de la enseñanza en esta Comunidad. Lo cierto es que no todos los tintes son tan pesimistas: colegios públicos y privados montan instalaciones, más o menos sofisticadas, para que los alumnos se adentren en este mundo de tecnología para su propio porvenir. E incluso se organizan concursos escolares de robótica. Parece que muchos profesores son más conscientes de lo que nos viene que algunas autoridades del ramo.

 

Lo que nunca debemos olvidar, nos insisten, es que el robot, al final, depende del manejo por parte de una persona. Por eso, nunca será superior al humano que sabe cómo dirigirlo. Y ahí el reto educativo del presente, de hoy mismo.

 

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