¿Cuál fue el primer coche eléctrico?

Es difícil determinar con exactitud la fecha o tan siquiera el modelo que puede etiquetarse como el primer coche eléctrico de la historia, sobre todo si nos referimos a la “primera etapa” de los mismos. En realidad, el coche eléctrico es bastante anterior a los desarrollos de motor de combustión, tanto gasolina como diésel, y puede decirse que el primer “coche” fue eléctrico, y se estima que se inventó entre 1832 y 1839. Sin embargo, si hablamos del primer coche eléctrico comercializado debemos avanzar más de un siglo y medio en el tiempo.

La realidad es que no se sabe a ciencia cierta el nombre del inventor del coche eléctrico, y el resultado depende mucho de la fuente consultada. En algunas de ellas se cita al escocés Robert Anderson y que lo construyó en algún momento entre 1832 y 1839. En otras fuentes se citan los nombres del Profesor Sibrandus Stratingh, de Groningen (Holanda); Christopher Becker o el inventor húngaro Ányos Jedlik. Sea como sea, aquel primer coche eléctrico no era un vehículo práctico, sino una máquina tosca y primitiva que sí, podía llamarse vehículo, pero no servía para el transporte.

Coche eléctrico de Thomas Parker circa 1895

Coche eléctrico de Thomas Parker circa 1895

Unos años después, en 1842, tanto Thomas Davenport como Robert Anderson inventaron los coches eléctricos con uso práctico, ambos utilizando baterías eléctricas no recargables, lo cual era una desventaja considerable. En 1865 y gracias a la invención de las baterías de ácido-plomo recargables, los coches eléctricos se convirtieron en algo mucho más práctico. Mejoras sucesivas en las baterías permitieron el uso de dichos vehículos como taxis e incluso como coches de carreras, o de “altas prestaciones”, con puntas de velocidad superiores a los 110 km/h en 1899. En esa época, la cuota de mercado de los eléctricos era del 28%, pero el motor de gasolina ya era el dominante, relegando al olvido al coche eléctrico durante un siglo, prácticamente.

La nueva era del coche eléctrico

A finales del siglo pasado, el coche eléctrico volvió a la palestra tras décadas desaparecido. Por un lado, los “nuevos” coches híbridos incluían un motor eléctrico para diversas tareas, como por ejemplo arrancar y maniobrar a muy baja velocidad; por otro, el concepto de coche 100% eléctrico tomaba fuerza gracias a la creciente preocupación y concienciación medioambiental que ya se podía comprobar con cada nuevo estándar antipolución como, por ejemplo, la norma Euro, y que derivaría años más tarde en restricciones a la circulación de los vehículos más contaminantes.

Corría el año 1996 cuando se comercializó el primer coche eléctrico de la era moderna, el General Motors EV1, un coche que vendió muy pocas unidades y que de hecho tuvo un triste final: en 1999 cesó la producción y todos los modelos en circulación fueron achatarrados porque GM estimó que el nicho de mercado de los eléctricos no era rentable. Afortunadamente, se equivocaron.

Hoy en día no concebimos un mundo sin coches con motor eléctrico, ya sea en su forma híbrida (eléctrico-gasolina, por ejemplo), o en modo 100% eléctrico. Las prestaciones han alcanzado un nivel más que aceptable, las autonomías crecen sin cesar y los tiempos de recarga se reducen a medida que evoluciona la tecnología de las baterías. El confort que ofrece un coche eléctrico mientras lo conducimos es inigualable por parte de sus hermanos de combustión, y la reducción de emisiones contaminantes a la atmósfera es un hecho, y se reducirá todavía más cuando la generación de electricidad provenga completamente de fuentes renovables.

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