Pericles: Recoger sin sembrar, o la falta de espíritu emprendedor en España

Por José Manuel Pérez Díaz- Pericles

Emprendedores los ha habido siempre. El mundo llegó hasta aquí, precisamente, porque ha sido impulsado por personas emprendedoras, que tuvieron ideas novedosas y fueron capaces no solo de ponerlas en práctica, sino, y lo más difícil, de hacerlas triunfar. Algunos, a los que todos citan, hicieron auténticas revoluciones (Cristóbal Colón, Henry Ford, Mohammad Yunnus, Steve Jobs …).

Pero la inmensa mayoría de los emprendedores estaba ahí y trabajaba silenciosamente sin saber ni siquiera que lo era. El hecho de que a esa inmensa mayoría no se le aplicara el concepto, no les impidió conseguir mejorar la sociedad a lo largo de la historia. En la Era Industrial hubo dos tipos de emprendedores, cuyo trabajo resultó ser decisivo: además de los Henry Ford y compañía, que fueron unos pocos, fueron, precisamente, el pequeño empresario y el intraemprendedor, al que los académicos llaman Emprendedor Corporativo (y yo prefiero llamar, simplemente, emprendedor a sueldo).

Todas las grandes y medianas empresas que funcionaron, innovaron y fueron rentables, y lo siguen siendo, fue gracias a la contribución de la cantidad ingente de Intraemprendedores, a los que, por cierto, nadie les dijo, ni les dice, que su pasión por mejorar las cosas es una consecuencia de que son personas emprendedoras.

A fin de completar los datos, es necesario constatar que sus jefes jamás les informaron de lo transcendental de su aportación al éxito de la empresa en la que trabajaban. Una empresa que, en aquellos tiempos, además, era para toda la vida, ya que un trabajador podía estar toda su vida profesional sin cambiar de empresa. Solo un número reducido de estos Emprendedores Corporativos recibieron, y reciben, el nombre de empresarios, aunque, en realidad, no lo son: son solamente, y no es poco, altos directivos, ya que, como de todos es sabido, para ser empresario es imprescindible poseer una parte del capital de la empresa y son muy pocos los altos directivos que lo tienen.

–El ‘terremoto’–

En resumen:  el emprendedor existió siempre, pero la sociedad no lo echó en falta hasta la gran crisis de los años 70/80 del siglo pasado, por lo que no hay una falta de espíritu emprendedor. La Era Industrial daba sus últimos coletazos y en España, empezaba, con cierto retraso con respecto a Europa, la llamada Revolución Industrial 3.0.  Con ella, desde mi punto de vista, se iniciaba la Era del Conocimiento, caracterizada por la fuerte automatización de los procesos productivos de todo tipo y, sobre todo, la automatización y robotización (robotización de la época) de las grandes cadenas de producción. En ese momento, empiezan a llegar a las Empresas los Ordenadores Personales e, inmediatamente después, aparece Internet. Todo lo anterior hace que la industria produzca mucho más, y mucho más barato, necesitando emplear mucha menos mano de obra. A todo este “terremoto” tenemos que añadir el hecho de que empieza a aparecer en el horizonte la gran competencia de las economías asiáticas y su propia revolución.

Para completar el panorama, hemos de hablar de los importantes costes de todo tipo que tuvo para España la entrada en la Unión Europea. La competencia abierta con otros países miembros que producían más barato y la enorme reconversión industrial que se nos impuso (nuestra industria estaba obsoleta), trajo como consecuencia el cierre de muchas empresas, las menos rentables, y un aumento muy considerable del desempleo, llegando a cifras insospechadas del 21,5% (1985) y superiores 23,5% (1994)

Pero lo preocupante del caso no es tanto que empiece a sobrar  mucha mano de obra: lo  grave es que el sistema expulsa a miles y miles de trabajadores sin cualificar, o con poca cualificación, y necesita mano de obra muy cualificada. Mano de obra que debería tener, además, una serie de habilidades personales desarrolladas, tales como: iniciativa, creatividad, asunción de riesgos, autonomía, capacidad de comunicación, de trabajo en equipo, de innovación, de organización y planificación, etc.

Es decir que, para afrontar esta nueva Era, son necesarias personas distintas, personas con un nuevo perfil, que se empezaron a definir como personas emprendedoras…Y, lo más novedoso era que hacían falta tanto para puestos de dirección, como de mandos intermedios, como de simple mano de obra sin cualificar. ¿Y qué perfil deben tener? Pues, precisamente, el que reúne un emprendedor que puede definirse como alguien que se empeña en cambiar las cosas para mejor. Alguien dispuesto a luchar por una idea hasta verla hecha realidad aunque, para lograrlo, tenga que trabajar sin descanso, innovar, arriesgar…

Ante una situación de tal gravedad como la vivida en la década de los 80 del siglo pasado, todo el mundo empezó, empezamos,  a mirar alrededor, buscando soluciones. ¿Quién puede ser capaz de luchar contra el desempleo? ¿Los ayuntamientos, las administraciones? Decididamente no. Aunque, en aquel momento se creó mucho empleo público, para tratar de salvar la situación el empleo, como es obvio, lo generan las empresas y  los empresarios.

–“Que levanten la mano los que…”–

En este momento, la sociedad echa de menos la figura del emprendedor. Un emprendedor que sea capaz de crear empresas y generar riqueza y empleo. Y, ante un problema de esa magnitud, a nuestra sociedad, conmigo a la cabeza, no se le ocurre otra cosa que ir a buscar a la gente joven en Centros de Bachillerato, Formación Profesional y Universidad, darles una charla sobre lo importante que es ser empresario y decirles la conocida frase: “que levanten la mano los que piensen montar una empresa…” Y, claro,  levantaban la mano, como mucho, 2 en una clase de 35… Y, con ese test tan simple, se sacaba la conclusión de que España no era un país emprendedor.

¿Se imaginan lo que pasaría si a un grupo de jóvenes, del interior de España, a los que nadie hubiera enseñado a nadar, les pusiéramos un vídeo donde un grupo de nadadores participa en la Copa Nadal, cruzando el Puerto de Barcelona el día de Navidad, y les dijéramos: que levante la mano el que esté dispuesto a cruzar a nado el Puerto de Barcelona, en invierno…Son solo 200 metros… Por supuesto que les ofreceríamos subvenciones: bañador, vestuarios para cambiarse, con calefacción y agua caliente, incluso un caldo caliente al salir del agua…Pues, con los emprendedores, tenemos el mismo problema: si no los enseñamos a “nadar” no hay nada que hacer. Llevado el ejemplo al mundo rural: donde no se siembra y se cultiva no se puede pensar en cosechar.

La sociedad necesita personas emprendedoras, pero no solo empresarios, que a mí me gusta llamar Emprendedores Económicos. Son necesarios también muchos Emprendedores Sociales y muchos Intraemprendedores, hasta el punto de que todos los alumnos de Formación Profesional, Bachillerato o Universidad deberán estar, en un futuro próximo, encuadrados en uno de esos tipos de emprendedores, con independencia de cuáles sean sus estudios y su profesión. Y las preguntas lógicas que debemos hacernos son estas: ¿Dónde se forman? ¿Quién los forma? ¿Cómo se forman? ¿Cuándo se forman? Está claro que, por generación espontánea, no lo vamos a conseguir.

Refiero a continuación un ejemplo que viví, que ilustra, perfectamente, lo dicho sobre la siembra y la recolección: hace unos 10 años, las Consejerías de Educación de las distintas Comunidades Autónomas, por imposición del Ministerio, hacían una prueba a todos los alumnos que tenían la edad de 9 años y a los que tenían 14, para medir su capacidad emprendedora…Y, en aquel momento, ¡no se impartía ningún “programa oficial” de Educación Emprendedora en España…!

Afortunadamente, en el momento presente, muchas Comunidades Autónomas tienen alguna Asignatura Optativa de Educación Emprendedora, en los niveles de Secundaria, que se imparte a unos 250.000 alumnos cada curso. El Ministerio de Educación, por su parte, tiene una Asignatura Obligatoria en Formación Profesional, que realizan unos 320.000 alumnos. Todo esto, unido a muchos programas que se desarrollan en distintos niveles, gracias a la actitud positiva, y muchas veces arriesgada, de una cantidad ingente de profesores y miembros de equipos directivos, da como resultado que, en España, tengamos,  aproximadamente, un millón de alumnos, cada curso, haciendo algún programa de Educación Emprendedoras del total de los 8 millones de alumnos no universitarios (Ver Estudio “Educar para Emprender. El estado de la Educación Emprendedora en España”, (2013) www.educarparaemprender.es). Con relación a los niveles universitarios, también se están desarrollando programas, tanto impartiendo asignaturas propiamente dichas, como abriendo Incubadoras de empresas , espacios de Coworkig, etc. Para quien tenga interés, la Fundación Universidad Empresa de Madrid realizó el Estudio “Educación Emprendedora: buenas prácticas en la Universidad Española”, (2012) (www.fue.es)

Pero todo esto es poco. Si en España y Europa queremos disminuir la gran brecha del emprendimiento con respecto a Estados Unidos (intención de los norteamericanos, 13,5% y de los europeos, 8%) no tenemos más remedio que promover la Educación Emprendedora en todos los niveles educativos, y durante todos los cursos, igual que se hace con la Educación Física, hasta conseguir que nuestros 8 millones de alumnos hagan Educación Emprendedora, a lo largo de todos los cursos que permanezcan en el sistema. Y lo mismo con el millón y medio de universitarios. Toda esta parte educativa debe complementarse con programas de apoyo a emprendedores, incubadoras, reducción de los trámites burocráticos, pagos de empresas y administración a 30 días, o menos, financiación (Capital Riesgo y Capital Semilla), cambio de la imagen social del empresario…Todas estas medidas darán sus frutos, sin duda, a medio y largo plazo.

–Resultados esperanzadores–

Los resultados del estudio “Liderazgo emprendedor e Innovación en la Universidad Española” promovido por Emprendedores 2020, son esperanzadores y apuntan a un cambio de la mentalidad de la sociedad en relación con el emprendimiento, pero todavía queda mucho camino por recorrer.

Para finalizar, quiero reflejar una experiencia propia en el Campus Tecnológico de la Universidad de Oviedo, en Gijón. Durante los cursos 2010-2011 y 2011-2012 impartí charlas a unos 1.000 alumnos de último curso de distintas Ingenierías, en grupos reducidos, entre 10 y 25 alumnos por charla. A cada charla le seguía el ofrecimiento de una tutoría personalizada para aquel que la demandara. Ahí pude detectar que la sociedad está cambiando, al menos en dos aspectos fundamentales, que reflejaban las encuestas que realicé y que, en cierta manera, corroboran los resultados del Estudio de Emprendedores 2020:

–         Muchos padres estarían dispuestos a ayudar a sus hijos a iniciar una actividad empresarial.

–         Un 40% de los alumnos tenía algún tipo de idea empresarial en la cabeza y un 30% estaría dispuesto a estudiar un proyecto de empresa, siempre que contara con un apoyo en el entorno, principalmente desde el propio Campus.

Estas cifras son muy esperanzadoras. Lo que habría que analizar es la influencia de la Educación Emprendedora en Asturias, iniciada por Valnalón en 1993 y que, a lo largo de los últimos 15 años, ha llegado a unos 20.000 alumnos por curso, lo que representa 1 de cada 6

 

JOSÉ MANUEL PÉREZ DÍAZ-PERICLES

Es Ingeniero Técnico Industrial por la Universidad de Oviedo. Trabajó 20 años en la empresa multinacional asturiana Duro Felguera. En 1984, en plena crisis, promovió la creación de una asociación, destinada a favorecer la formación, el empleo y el autoempleo de jóvenes en Gijón. En 1987, colaboró con el Gobierno de Asturias en la creación de la empresa Valnalón, de la que fue Director Gerente, hasta su jubilación en agosto de 2010. En la actualidad, es promotor del Emprendimiento y la Educación Emprendedora en España y Latinoamérica, mediante la impartición de charlas, cursos y conferencias, en colaboración con distintas universidades. Autor del Estudio “Educar para Emprender. El estado de la Educación Emprendedora en España” en 2013 (www.educarparaemprender.es) Patrono en varias fundaciones de tipo social y miembro de la Asociación internacional de Emprendedores Sociales Ashoka y de SECOT (Seniors Españoles para la Cooperación Técnica)

 

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