Fábricas de sujetos pasivos sin capacidad crítica

Luis Cereijo, ex presidente de la Coordinadora de Representantes de Estudiantes de Universidades Públicas (CREUP)

La situación del desempleo juvenil ha llegado a cotas altamente críticas en nuestro país. La crisis, junto con el comportamiento de determinadas estructuras de nuestro Estado (tanto públicas como privadas), han traído a España unas tasas de paro de hasta el 57,7% (Eurostat, Noviembre’2013) entre la juventud de nuestro país.

 

En esta dramática situación, los titulados universitarios tienen una mejor capacidad para su inserción laboral. En este caso, y en la peor situación, en el caso de titulados universitarios la cifra baja al 23% (OCDE, Septiembre’2014). Este dato desmiente la llamada falacia Steve Jobs, que defiende que sin ningún tipo de formación se puede triunfar en el mercado laboral. Es evidente que aquellos que pueden acceder y culminar sus estudios en la Educación Superior tienen mayor probabilidad de conseguir empleo que aquellos que no lo hacen.

 

Sin embargo, partiendo de esta premisa, voy a tratar de abstraerme de esta dura realidad para exponer un punto de vista de cara al futuro sobre cómo debemos orientar nuestras políticas universitarias para resolver esta situación.

 

Según la fuente, se establece que entre el 60% y el 75% de nuestros niños y niñas de hoy en día trabajarán en el futuro en empleos que aún hoy no existen. Sin embargo, ¿podemos plantearnos que un número significativo de esos empleos serán creados en nuestro país?. Personalmente quiero pensar que si, aunque nuestro Sistema Educativo y, en especial, el Universitario no esté orientado a dar las capacidades y habilidades a sus estudiantes para que esto ocurra.

–Falta espíritu crítico–

Nuestras aulas universitarias son espacios donde millones de estudiantes universitarios son sujetos pasivos que reciben una formación sin facilitar ni, en muchos casos, permitir un ápice de sentido crítico. Este sistema educativo está basado en la transferencia de conocimiento entre el docente y el estudiante sin mediar en este proceso ningún tipo de debate, puesta en duda, ni elección por parte del estudiante.

Entonces, si establecemos este sistema, ¿cómo podemos pretender que nazcan estudiantes críticos que pongan en duda lo existente y enarbolen la bandera de la innovación como una forma de vida?

En estos momentos la educación superior universitaria está comenzando a vivir una revolución llamada “Student Centered Learning”. Una filosofía basada en que el estudiante debe ser el centro de la enseñanza, y no de forma filosófica o como fórmula perfecta de márketing, sino asumiendo todas las consecuencias.

Esta forma de entender la docencia universitaria plantea una serie de principios basados en que el estudiante sea el centro del proceso y, con ello, lleva aparejada un elemento clave: la capacidad de decisión del estudiante sobre su propio proceso educativo basado en su autonomía personal.

–Cinco principios–

De los 9 principios de esta filosofía voy a centrarme en 5 de ellos como muestra de cómo esta idea puede convertirse en la piedra filosofal en la búsqueda del empoderamiento del estudiante para el desarrollo de una vida laboral y profesional autónoma e innovadora.

 

El primero de ellos está basado en la necesidad de comprender y asumir que cada estudiante requiere de un aprendizaje diferente, sumado a que este debe tener el control sobre su propio aprendizaje. Cada estudiante tiene que tener la posibilidad de elegir cómo aprender, ya que sus intereses y motivaciones son distintas.

 

La elección es fundamental para un aprendizaje efectivo. Y cuando hablamos elección lo hacemos de forma ambiciosa, y no las asignaturas optativas que, de forma simbólica, se ofrecen en nuestros planes de estudio. Las titulaciones universitarias ofrecen diferentes campos de actuación profesional por lo que, garantizando la formación básica necesaria, ¿acaso el estudiante no puede decidir de forma más amplia sobre su propio programa de estudio?.

 

Imagine la situación de un estudiante de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte. Esta titulación tiene diferentes salidas profesionales que, grosso modo, podríamos clasificar en: educación, rendimiento deportivo, actividad física y salud, gestión del deporte, y recreación deportiva. Teniendo en cuenta esto, si un o una estudiante tiene claro que quiere dedicarse al alto rendimiento deportivo, ¿cómo es posible que nuestro sistema le obligue a estudiar asignaturas vinculadas a la empresa deportiva en cuarto de carrera? ¿No sería más interesante darle la posibilidad de que elija entre asignaturas como esa, y otras de profundización en fisiología o planificación del entrenamiento?. A eso nos referimos con la capacidad de elección del estudiante.

 

Por último, cabe señalar que el estudiante tiene diferentes experiencias y conocimientos previos y, por supuesto, estos condicionan su aprendizaje actual. Sin embargo, nuestra filosofía docente no tiene en cuenta esta realidad y, de hecho, lo ignora deliberadamente.

 

Así, tenemos estudiantes que tienen un nivel avanzado sobre algunos contenidos a los que sometemos durante estas asignaturas al mismo nivel que el resto de sus compañeros, cuando podríamos aprovechar su experiencia previa para hacerle partícipe, por ejemplo, del proceso de enseñanza de la misma y, así, facilitarle la adquisición de diferentes e importantes habilidades personales como el liderazgo o la comunicación.

 

En definitiva, nuestro Sistema Universitario debe concebir al estudiante como un elemento activo y autónomo del proceso de enseñanza-aprendizaje y no, como viene siendo hasta ahora, como una suerte de paciente que recibe sin rechistar ni decidir el tratamiento del Doctor que posee la verdad absoluta.

 

Si queremos ciudadanos críticos, valientes, activos e innovadores, deberemos tratarlos como tal en su proceso de enseñanza. Debemos permitir e incentivar que ponga en duda todo lo que le rodea para que, de forma crítica y ambiciosa, pueda asumir su desarrollo profesional bajo los principios de la innovación. Sólo así conseguiremos empoderar a los jóvenes de nuestro país y fortalecer su liderazgo de cara al futuro de España y sus pueblos.

 

** Luis Cereijo, estudiante en la Universidad de Alcalá, ex presidente de la Coordinadora de Representantes de Estudiantes de Universidades Públicas (CREUP)

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