No es una época de cambios; es un cambio de época

Por Carlos Andradas. Rector de la Universidad Complutense de Madrid

La severa crisis que está afectando a una parte importante del mundo, y muy especialmente a nuestro país, revela que más que vivir una época de cambios vivimos un cambio de época. Uno de sus signos o estigmas es la pérdida de empleo, de modo que ésta es una de las principales preocupaciones de los jóvenes universitarios. Una de las opciones que en los últimos tiempos ha cobrado fuerza es el autoempleo.

 

Muchas personas se están convirtiendo en emprendedores a la fuerza, porque han acabado en el paro o afectados por un gran recorte salarial en su empresa. Los trabajos que no tengan una componente de creatividad van a acabar desapareciendo; todo lo que sea rutinario está en vías de extinción. Los afectados buscan huecos en el mercado con la esperanza de poder convertir un problema laboral en oportunidades de futuro.

 

Solución de autoempleo: ¿microempresas?

El emprendedor y la cultura empresarial son elementos indispensables para el desarrollo económico y social y, aunque tarde como tantas cosas, esa evidencia está ganando terreno en todos los ámbitos de nuestro país. Todo indica que estamos viviendo una estimulante ola emprendedora.  También la legislación ha tratado de hacer más amable el entorno para crear compañías, si bien los expertos coinciden en que queda trecho por recorrer.

La vocación empresarial parece que se abre paso, seguramente en parte porque la mentalidad cambia, pero sobre todo porque el trabajo por cuenta ajena seguirá escaseando. La falta de oportunidades llevará a mucha gente a pensar en el emprendimiento como una solución de autoempleo y por eso proliferarán los autónomos y las microempresas.  Esto tiene, sin duda, un lado positivo, pero también levanta voces de alarma. Si algo caracteriza nuestro tejido empresarial es su altísima composición de pequeñas y medianas empresas y en particular de las microempresas. Pero los expertos señalan que, de cara a los procesos de internacionalización, y hoy en día el mercado es claramente global, el tamaño sí que importa, y que las empresas deben tener una masa crítica suficiente, de modo que tampoco es deseable un tejido empresarial a base de microempresas, por lo que debemos caminar hacia dar cabida al emprendimiento dentro de empresas ya existentes como forma de crecimiento y mejora de las mismas y no sólo como sinónimo de autoempleo.

Quizás haya algo de esto, unido a la dificultad para crear empresas, en la explicación de los siguientes datos. Según el Barómetro Universidad-Sociedad del Consejo Social de  la UCM, el número de  estudiantes que piensan en crear su propio negocio, que en 2011 era casi del 30%, se desploma hasta el 9% en 2014.

Esas cifras coinciden con lo que apunta el principal barómetro internacional sobre el emprendimiento, el Global Entrepreneurship Monitor (GEM), que en el último informe sobre España revela que la tasa emprendedora no crece sustancialmente, aunque la llamada “intención emprendedora” ha aumentado desde 2009, hasta situarse en el 12,05%. El Instituto Nacional de Estadística (INE) confirma este panorama y, según sus datos,  la creación de empresas lleva bajando año tras año desde que comenzó la crisis, con la sola excepción de 2011.

 

El peligro de la ‘burbuja emprendedora’

 

Esos datos, sin embargo, no desmienten que hay, definitivamente, un cambio de clima para el concepto de empresario novel en un país al que siempre se le ha reprochado el poco pulso emprendedor. Hay un cambio de mentalidad. Eso no es un tópico, es una realidad y es positiva. Sin embargo, este boom conlleva el peligro habitual de cualquier tendencia vertiginosa: que se forme una burbuja en torno al emprendedor como salvador de la situación económica.

 

Lo cierto es que cada vez hay más fracasos, proyectos con muchas posibilidades que se ven obligados a cerrar debido a la falta de apoyo financiero. El caballo de batalla sigue siendo la financiación, pese a todas las noticias sobre programas de ayuda.

 

La imagen del garaje donde un joven Steve Jobs gestó el gigante Apple, ha dado mucho para la literatura de empresas y gestión y ha servido para abonar la ilusión de emprender futuros imperios, pero los expertos coinciden en la necesidad de pensar bien antes de apostar los ahorros y no dar toda idea por buena. Emprender es muy difícil. Hay que estudiar mucho el modelo de negocio y hacer estudios de viabilidad.

 

La Universidad no puede ser ajena a la circunstancia y está obligada a realizar un esfuerzo en relación con las enseñanzas universitarias y poner la empleabilidad de sus estudiantes como uno de sus objetivos esenciales. Dentro de esta finalidad debe ofrecer a los estudiantes la posibilidad de formación específica dirigida al emprendimiento, respetando en todo caso la autonomía de las universidades para diseñar sus titulaciones.

 

Además, para lograr una mayor aproximación entre la universidad y la empresa debe promover iniciativas que, como los laboratorios emprendedores o las oficinas de apoyo al emprendedor, impulsen las buenas ideas y ayuden a convertir los sueños de los emprendedores en realidad: en empresas viables y con potencial de futuro.

 

Las universidades Autónoma y Complutense de Madrid crearon, hace quince años, el Parque Científico de Madrid con el fin de fomentar la I+D+i y la transferencia de conocimiento a la sociedad a través del apoyo a emprendedores.  El Parque Científico de Madrid  (PCM) dispone de un Laboratorio Emprendedor, un sistema completo de  incubación de empresas de base tecnológica, que ofrece espacios de calidad y una amplia gama de servicios profesionales complementarios a la I+D, imprescindibles para la viabilidad de cualquier proyecto empresarial.

 

Compluemprende

 

Asimismo, en la UCM  hemos creado también Compluemprende,  una Oficina Complutense del Emprendedor, para apoyar a los miembros de la  comunidad universitaria que tengan una idea de negocio y quieran desarrollarla. No solo los estudiantes de cualquier programa de nuestra universidad, sino los antiguos alumnos o el personal de la UCM, encuentran en Compluemprende un lugar donde recibir información, apoyo y asesoramiento para facilitar el proceso de creación de un proyecto.

 

No sabemos cómo serán los trabajos del futuro, pero hay una frase del economista  Branko Milanovic que define muy bien el cambio: “en el futuro no habrá paro, pero nadie tendrá un empleo”. La creatividad va a ser un requisito para la mayoría de los trabajos y el emprendimiento será la norma.

 

 

** Carlos Andradas, Rector de la Universidad Complutense desde el 12 de junio de 2015. Catedrático de Álgebra y autor de más de cincuenta trabajos de investigación en el campo de Geometría Algebraica Real. Fue profesor visitante en las Universidades de Berkeley, Stanford y Harvard. Ha sido presidente de la Real Sociedad Matemática Española y presidente de la Confederación de Sociedades Científicas Españolas (COSCE).

 

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